Se dice del Playero rojizo, también conocido como B95, un pájaro que migra cada año desde el Ártico canadiense hasta la Tierra del Fuego, que ha cubierto una distancia equivalente a la que hay entre la Tierra y la Luna. Por eso lo bautizaron el Pájaro de la Luna.
Por muchas razones, B95 se ha convertido en un pájaro legendario al que se le ha escrito libros. En Río Grande, en el sur de Argentina, se han escrito obras de teatro. En el norte de la Patagonia se han escrito cuentos sobre B95 y mucha gente peregrina por esos lados con la esperanza de cruzarse con él algún día durante la temporada de migración.

La bióloga Patricia González dice que de todas las aves playeras de esta especie, B95 es el que más trascendencia ha alcanzado y no solo por haber volado la distancia que ha volado y ser el más longevo de su especie.
El equipo con el que trabaja la bióloga argentina investiga a las aves playeras principalmente con objetivos demográficos. En otras palabras, estiman su supervivencia y de esta forma estiman al mismo tiempo los problemas ambientales que enfrentan los sitios en los que estas aves paran en sus escalas migratorias.

Hay que pensar que estas aves son capaces de volar miles de kilómetros sin tocar el suelo. Patricia González dice que pueden volar 8000 kilómetros sin bajar a tierra desde San Antonio Oeste, donde ella vive, hasta Florida o casi 6.000 kilómetros entre San Antonio Oeste y Venezuela.
Para lograr semejante hazaña, los playeros rojizos deben acumular grasas y proteínas en sus cuerpos hasta casi duplicar su masa corporal. Antes de comenzar su odisea, cuando están recién llegados a uno de sus sitios de escala, pasan de una masa muscular de unos 100 o 120 gramos a 200 a 220 gramos, para poder emprender su migración.
Y para poder lograr aumentar su peso, todas estas aves necesitan disponer indiscutiblemente de recursos alimenticios en los sitios donde hacen sus escalas. Ellas se alimentan de pequeños invertebrados que encuentran en las playas. Cuando el mar se retira, es el momento más apropiado para que ellas se puedan alimentar. En consecuencia necesitan ambientes muy productivos desde el punto de vista biológico.
Debido a estas características, los científicos pueden utilizar a estas aves como termómetros ambientales. Patricia Gonzáles y el equipo con el que ella trabaja, conocen la historia de estas aves playeras migratorias, todas campeonas en estos vuelos intercontinentales. Tienen muchas aves marcadas.

Pero entre todas ellas, B95 se destaca porque ha logrado sortear los problemas ambientales que enfrentan los humedales, mientras que otras han fracasado en el intento. Ya sea porque no pueden alcanzar la masa muscular necesaria para sobrevivir durante su larga travesía o porque no pueden enfrentar el gasto de energía necesario para desplazarse a otros sitios cuando las playas que acostumbran frecuentar están llenas de gente o de vehículos todo terreno que no le permiten alimentarse o quizá debido a las enfermedades.
Patricia González nos dice que B95 es la muestra de lo que un ave ha podido lograr y su historia ha llegado a la gente porque también nosotros nos ponemos nuestros propios límites y quizá se trate simplemente, como B95, de lograr llegar a nuestros objetivos.
EscuchePablo Gomez Barrios conversó recientemente con la bióloga Patricia González, Coordinadora del Programa Humedales de la Fundación Inalafquen en San Antonio Oeste, Argentina y Coordinadora de la Global Flyway Network para América del Sur.
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